Contéstame una pregunta: ¿Por qué nos gusta bailar con el diablo? —El porqué es complejo, ¡no es bueno bailando!, pero lo que te susurra al oído te absorta, te consume y te impela a un algo. Una cierta vez en la vida, nos deleita el sabor de lo malo, o la curiosidad por lo malo. ¿Cómo nos damos cuenta de eso? La sangre se hace espesa, se retuerce la bilis y un fuego sagaz, astuto, perspicaz, agudo y en ciertos momentos hiriente, viaja por las venas. Te inunda la conciencia y es entonces donde te tiende la mano y te invita a la pista, pero, sentado a tu lado, está dios. Dios, ¿ qué tiene que ver? Creer en el diablo inherentemente te hace creer en dios o viceversa, pero no nos desviemos; aquí nace una situación y es: cuando mueren dios y el diablo. Quedas arrojado al mundo y debes tomar la decisión: bailas o te quedas sentado. Por eso dios creó el libre albedrío para poder juzgarte, suponiendo que exista. Jorge Duart...
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