I Avezado en la soledad a ultranza de mi felicidad, sonreía al ver pasar los días. Amando a cuotas, sin el diáfano sentimiento, deambulando en el trasegar de la vida, obviando el verdadero sentido del amor. II Las esquivas miradas rondaban como enigmas que, en medio de sonrisas cautivan almas perdidas. Almas con un bastión de fachada, pero necesitadas de amor. III Destino, milagro, coincidencia o la vida, me pusieron delante de ti. No pude pronunciar palabra alguna, estaba distraído con tus ojos color hermosura y tú sonrisa lienzo divino. Los reflejos del amor no fueron esquivos y quedo impregnado en mí el recuerdo febril de tú ser. IV Los sentimientos en prisión se hacían notar con una tenue sonrisa al recordarte. Ataste tu hermosura, tu carisma y tu magia a un anzuelo que arrojaste a mi existencia en una intrépida creciente de cariño, desbordando mis venas en la cordura y la conciencia de mis sentidos. V Sagaz, ...