—¿Cuánto vale? —¿Qué cosa? —Eso que llevas ahí, arrugado y desdeñoso. —Vale mucho. Solo se ve así porque el amor fractura; el amor es el poder que tiene el otro de destruirte, y a veces lo usan con ese fin. Así he transitado estos últimos meses: sin consuelo, desbordado en un mar de odio y tristeza, intentando apagar su recuerdo. —No hablo de su corazón, sino del libro de Feynman. —Ah… no vale nada. Tome, se lo regalo. —Gracias. —¡Estúpido! Jorge Duarte
¿Qué distancia es correcta, para estar en sus ojos y perderme? ¿Qué distancia es correcta, para fugarse de la calidez de sus abrazos? ¿Qué distancia es correcta, para alcanzar el límite de lo ilógico de su amar? ¿Qué distancia es correcta, para que mengüe la taquicardia por su presencia? ¿Qué distancia es correcta, para conciliar el sueño en medio de la agitada noche? ¿Qué distancia es correcta, para reescribir versos funestos de idealismo? ¿Qué distancia es correcta, para palpar su esencia y poder despreciar? ¿Qué distancia es correcta, para evitar lo involuntario de mis emociones? ¿Qué distancia es correcta, para verte y reconocer que vienes? No creo que exista la distancia correcta para todo esto. He intentado alejarme y acercarme, pero me encuentro en el mismo punto. Jorge Duarte.